“Lo divino es
experimentable”
John Dewey
El lunes 28 de abril se llevó a cabo, en el Centro de Estudios en
Interpretación y Significación, salón 7, del Centro Cultural Casa Talavera, la segunda sesión del Seminario
La filosofía del presente.
Experiencia y acción en el pragmatismo clásico. La presentación, a cargo
de los profesores Ricardo Laviada y Edgar Sandoval, analizó
la influencia del pragmatismo en México, en especial
de autores como W. James, C. S. Peirce y J.
Dewey. De igual modo se examinó cómo dichos filósofos dieron pauta a muchas
corrientes humanísticas, filosóficas y científicas en EU. Ricardo Laviada en su
intervención mencionó que quizás hay más receptividad en los filósofos
norteamericanos a principios del siglo XX porque algunos autores del exilio
español como José Gaos y otros, tradujeron libros de Dewey al español y los
editaron en el Fondo de Cultura Económica. Dewey
vino al menos dos veces a México, pero nos volteamos más a la filosofía
alemana, analítica, francesa. Para Laviada: “Existía cierto rechazo a la
filosofía norteamericana, se le asocia al capitalismo a la dominación
imperialista y estos autores no son necesariamente los que justifican estas
cosas”. Por su parte, Edgar Sandoval agregó, más que asociarlo con una noción
imperialista, al pragmatismo se le tiene que asociar con una cuestión funcional y práctica, sin embargo, lo práctico se ve en términos negativos. El término práctico está
en el propio nombre del pragmatismo. Para Sandoval: el pragmatismo tiene que ver con una reflexión profunda
sobre la acción.
[1] Este seminario es parte del proyecto de
investigación: La filosofía del presente.
Experiencia y acción en el pragmatismo clásico. Agradecemos al Colegio de
Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de la Ciudad de
México el apoyo y las facilidades para realizar dicho proyecto.
En el marco de la discusión del texto de Mead: Filosofía del presente se esclarece el
concepto de acción y de experiencia. Nos preguntamos entonces, ¿qué es la
acción y qué es la experiencia para el pragmatismo clásico? Para responder
dicha pregunta abordamos en la segunda sesión del seminario el texto “Creencia
y acción en la Filosofía Pragmatista de la Religión”, del filósofo José Miguel
Esteban Cloquell, que se encuentra en el libro: La crítica pragmatista de la cultura. El autor habla de la
diferencia entre la experiencia en términos positivistas, que es como se venía
trabajando en el mundo británico y francés, incluso en el alemán: la
experiencia tomada como los sense data (datos
de los sentidos), que restringen y deshumanizan la noción de experiencia. Los
pragmatistas apelan a una noción más amplia de experiencia, con lo que
demostraron una mejor comprensión de la actividad de la ciencia, que los mismos
cientificistas (Esteban, 2001). El concepto de experiencia del positivismo se
reduce a lo observable y el concepto de experiencia del pragmatismo es mucho
más amplio: Todo individuo está involucrado en la experiencia, al pragmatismo
le interesan no solo los sentidos, sino una perspectiva orgánica e integral de
la experiencia.
Entre intervenciones de los presentes, se reflexionó sobre los
conceptos de creencia, incertidumbre, certeza, así como acción y lo
religioso en el pragmatismo. Se analizó el
concepto de fe en Dewey relacionado con la democracia, señalando que hay una especie de
confianza. Si la sociedad no tuviera esa fe, no podría funcionar, la democracia
no podría funcionar y es desde ahí que lo que trata de rescatar de la religión
es su dimensión ética y su moralidad. Está de acuerdo en que ya no puede ser la
religión el centro de todo, pero no porque tengamos una racionalidad científica
y un conocimiento moderno, tendríamos que abordar la dimensión ética y moral
del sentido religioso, pues este instaura una seguridad con el otro, una fe al
otro, un amor al prójimo, una confianza y sobre todo una responsabilidad.
Para principios del siglo XX la ciencia ha hecho lo que se ha dado en
llamar el desencantamiento del mundo, eso hace que el lazo social, la
fraternidad, la confianza hacia el otro, que el amor al prójimo está años luz
de lo que ya estaba en el mundo religioso, porque el mundo religioso instaura
una seguridad con el otro, una fe al otro, un amor al prójimo, una confianza y
sobre todo, una responsabilidad y eso lo están proponiendo los pragmatistas. El
conocimiento social no es desaparecer la incertidumbre, es lograr navegar con
un grado de certidumbre. Habría que ver en la visión de Dewey dónde queda esa
incertidumbre. Dewey afirma que los humanos necesitamos un grado de certeza
para poder existir y que hemos buscado de diferentes maneras, y en la historia
humana se puede ver un recorrido de a qué cosas hemos recorrido, mitos,
religión y que la ciencia no se vuelva sustituto de esta cuestión. Dewey
propone una emancipación de los elementos religiosos, el crecimiento ético que
impulsa a una selección de valores en función de la experiencia, un
reconocimiento de carácter práctico, frente al idealismo ontológico que
convierte los fines de la fe y de la acción en un credo intelectual (Esteban,
2001, pág. 67).
Esta lógica es una lógica de la investigación científica, es una
lógica de la productividad de la ciencia como una especie de construcción común
a lo largo del tiempo en situaciones específicas a las que se enfrenta el
científico. No existe un método que sirva para todas las épocas, sino que
aprendemos de la experiencia. Algo que también se da en el sentido común;
aprendes de tus errores. Así sucede en la ciencia, aprendemos de la experiencia
y esa experiencia colectiva de la ciencia se va refinando, se va corrigiendo
con el tiempo histórico, no tenemos una manera de investigar que sea siempre
igual, sino que se da, hay un aprendizaje histórico y social. Dewey descalifica
lo que denomina “el Dios personal”. Un ser que combina la
omnipotencia con el summum
bonum (el bien supremo). Proponiendo en su lugar analizar lo divino no como
una realidad aparte, sino como algo unido a todas las fuerzas y condiciones
naturales, incluyendo al hombre y la asociación humana, para fomentar el
crecimiento que contribuya a su realización. “Según la frase célebre de
Heidegger, sólo un dios puede salvarnos del nihilismo tecnológico. Según Dewey,
no hay que buscar muy lejos: siempre lo hemos tenido ahí delante, decidamos
llamarle Dios o no, pues lo divino es experimentable”. (Esteban, 2001, p. 69).
La cuestión de la experiencia permite enfrentar lo que se te
presenta. Dewey lo que busca es un punto intermedio entre el determinista y el
indeterminista.
Reseña elaborada por: Elsa Areli Campos Villarreal estudiante de
Filosofía e Historia de las Ideas en la UACM, así como Mónica Rodríguez
Rodríguez, estudiante de Filosofía e Historia de las Ideas en la UACM, y
prestadora del Servicio Social en el Centro de Estudios en Interpretación y
Significación de la UACM.